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Mi hermana y yo
Jóvenes
MI HERMANA Y YO

Por Mónica Aguirre López
integrante del comité editorial de la Asociación Mexicana de Nacimientos Múltiples, gemela de Verónica Aguirre López, de la Ciudad de México (México, D,F) y autora del libro: "El porqué de los gemelos"

Mónica Aguirre
PRIMERA PARTE

Nunca voy a olvidar la primera vez que unas palabras llamaron mi atención, no las entendí del todo aunque eran palabras muy claras pero algo muy dentro de mi se estremeció. Ciertas palabras eran las siguientes:

¡TU HERMANA ES MÁS ALEGRE QUE TÚ, SONRÍE!

Traté de no darle importancia pero al sentirme observada en medio de aquella fiesta llena de gente: mamás, papás y muchos niños a los que no había visto antes, las lágrimas me vencieron y comenzaron a brotar de mis ojos.

Quería gritar y decir que también sabía sonreír, pero no en ese momento, en el cual, tanta gente me hacía sentir un poco de temor, obligándome a sonreír, sin que yo lo sintiera en realidad.

Sin darme cuenta, unos brazos me envolvieron y una voz, casi igual a la mía, me preguntó:

¿PORQUÉ LLORAS?

Y desesperadamente y sin darme tiempo a que le respondiera seguía preguntándome:

¿TE HICIERON ALGO?
¿DIME QUIEN?
¿QUE TE PASA?

Fue entonces cuando ante la llegada de mi hermana, mi hermana gemela, toda mi tristeza se llenó de comprensión, apoyo y más aún cuando apretándome fuertemente la mano me pidió que dejara de llorar. Era como una orden, la cual sólo imploraba fortaleza. Desde aquel momento supe que con su compañía me sentía fuerte y mientras estuviéramos juntas nada ni nadie nos haría sentir mal ya que ¡éramos cómplices!, cómplices de lo que sentíamos y pensábamos dentro de un mundo lleno de conocimientos, emociones, sensaciones y reacciones que solo ella y yo podíamos entender. Bien sabíamos lo mucho que nos conocíamos ya que con un simple gesto lográbamos percibir si algo entristecía, alegraba e incluso molestaba a cada una de nosotras.

Fue solo un instante y lo que falta por recordar, es que minutos después nos tomamos de la mano y juntas acordamos correr hacia un carrusel, al cual subimos, reímos a carcajadas y con otros niños, terminamos y disfrutamos de esa gran fiesta, en la cual tan solo cumplíamos 5 años.

Pasó el tiempo y otras palabras volvieron a llamar mi atención; en esta ocasión no era yo quien volvía a sentirse estremecida, sino que en ese momento era mi hermana, la cual, estando frente a unos compañeros del colegio, empezó a recibir gritos que le decían:

¡VETE DE AQUÍ, TU NO SABES JUGAR, MEJOR QUE VENGA TU GEMELA!

Fue entonces cuando ante dichos gritos miré sorprendida a mi hermana la cual frente a aquellos niños y con un gesto de desafío levantó aún más fuerte la voz y exclamó: ¡Déjenme en paz y váyanse de aquí!, no supe como reaccionar ante la actitud de mi hermana, realmente estaba decidida a defenderse y al verla tan fuerte y sin temor, llegue hacia ella, la cual al sentir mi apoyo concluyó diciendo: ¡Mi hermana y yo jugaremos algo más divertido!.

Siguió pasando el tiempo y no solo nos dimos cuenta que estas situaciones estaban presentes en familiares y amigos, sino incluso con profesores y desconocidos los cuales a simple vista cada vez que podían nos hacían preguntas desconcertantes para nosotras, tales como:

¿SON GEMELAS?
¿SIENTEN LO MISMO?
¿PIENSAN LO MISMO?
¿LES GUSTA LO MISMO?
¿QUÉ LAS HACE SER DIFERENTES?
¿CUMPLEN AÑOS EL MISMO DIA?
¿QUÉ SE SIENTE VER A ALGUIEN IGUAL A TI?

Físicamente seremos similares, iguales para muchos que no nos conocen y por ello no reconocen aquellos rasgos físicos con los cuales nos diferenciamos así como los individuales modos de sentir, pensar y actuar, los cuales siempre han sido diferentes en cada una de nosotras. Todo esto en un conjunto nos hace tener una personalidad: un sello de autenticidad, con necesidades únicas, las cuales tienen un mismo punto de partida: DARNOS A CONOCER Y QUERERNOS CONOCER con nuestras similitudes y diferencias que dentro de una igualdad física nos identifica como únicas e irrepetibles, evitando todas aquellas generalizaciones y comparaciones que no hacen mas que reducir el verdadero sentido del bien y del mal, así como de lo mejor y lo peor.

SEGUNDA PARTE

Mi hermana y yo sabemos que no estamos dentro de una competencia y que no se trata de ver quien es mejor o peor, quien la buena y quien la mala, sabemos perfectamente que cada una de nosotras es valiosa por el simple hecho de existir y gracias al respeto y a la buena comunicación que existe entre nosotras, la cual fue fomentada desde que éramos pequeñas por nuestros padres, nos conocemos cada día más. Sabemos que cada una tiene un color predilecto, un dulce preferido, un gusto por alguna materia o lectura así como ciertas habilidades y limitaciones, ambas reconocemos nuestros errores perdonándonos y ante todo concluimos que el error mas grande del entendimiento consiste en aquel comparar absurdo, el cual, ha estado presente a lo largo de nuestras vidas. Comparaciones quizá no relevantes, pero que cuando son objeto de burlas, criticas y se anteponen a debilidades, dificultades o simples rasgos que caracterizan a dos personas completamente diferentes, pero fácilmente complementarias, pueden romper con ese mi lagro que desde un inicio nos hizo llamar GEMELAS, perdiendo la gran oportunidad de seguir juntas diferenciándonos, sonriendo y apoyándonos en este hermoso camino para adentrarnos en un mundo de rivalidad y competencia.

Hoy por hoy puedo decir que mi hermana tiene un temperamento que le permite ser: extrovertida, impulsiva, aventurera, confiada, imaginativa, astuta y un carácter que la distingue por ser: muy alegre, con una gran iniciativa y muy activa. Yo por el contrario tengo un temperamento que me caracteriza como una persona: reservada, prudente, tímida, sospechosa, práctica, franca, y un carácter que me define como: responsable, constante y generosa. Ambas compartimos características en común como: ser inteligentes, estables emocionalmente, dominantes, sensibles, conservadoras e independientes.

Pero superior a todas las características mencionadas anteriormente, mi hermana y yo sabemos que, aunque vivamos experiencias diferentes o tengamos distintas prioridades lo que siempre nos mantendrá unidas es el saber reconocer y vivir día a día ese gran sentimiento que nos dio la vida y que pese a cualquier circunstancia siempre ha estado presente entre nosotras: EL AMOR.

FIN

Por Mónica Aguirre López y Verónica Aguirre López.