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| TRASTADAS GRACIOSAS DEL DÍA A DÍA |
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El día a día con gemelos, mellizos, trillizos o más... es agotador, estresante, ajetreado... podríamos seguir en un sin fín de adjetivos, pero todas las familias hemos pasado de todo esto a la risa en décimas de segundos y no hemos tenido más remedio que reir con sus ocurrencias.
Aquí quedan algunas:
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Eduardo y Ander
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(Elena)
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- Estabamos listos para irnos a la calle. Me voy un segundo a peinarme, coger le abrigo.... y a la vuelta me los encuentro jugando con las cacerolas.
- Los libros eran su pasión, la de tirarlos de las estanterías al menor descuido.
- Un día al recogerlos en la guardería la profesora no podía contarme la anecdota de la risa que le daba. Habían salido los dos al baño y se estaban riendo a carcajadas mientras de echaban agua con el grifo.
- Como el reproductor de video no funcionaba lo llevé a arreglar. Lo único que le pasaba era que "alguien" había metido un tenedor de juguete dentro.
- Por la mañana, mientras yo vestía a los mellizos le animaba a mi hijo mayor a que se vistiese solo. Un día al volver del colegio descubrí que había estado todo el día con el chándal encima del pijama.
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(Silvia)
Estaba cambiando a Alex cuando oigo un chaf!!!! voy corriendo y veo a Marc asomado al wc: había tirado el teléfono inálambrico al wc.
Estaba llenando la bañera y mientras desnudaba a Marc, Alex abrió el cajon del baño y tiró varios tampax en la bañera.
Voy a recogerlos en la guardería y sale Alex sin zapatos y la profesora riendose me cuenta que Alex había tirado su zapatilla al wc. ( tienen afición por tirar cositas al wc )
Tienen afición también por el cajón de las cacerolas y los tuppers. ya tengo una olla sin asa.
Un día estaba poniendo ropa para lavar y me encuentro una mascarilla del pelo dentro del cubo de ropa sucia. a saber como llego hasta allí...
(Marian) Crónicas de trinchera
Por todos los dioses, llevar una casa con niños requiere una mente notablemente estratégica, planificadora, política y de acción.
Mientras barres los vigilas, sin olvidar que tienes la comida al fuego y que hay que tender la ropa, por tanto recoger la otra primero, por tanto plegarla y guardarla, por tanto planchar…deja, deja, eso ya otro día.
Sigues enumerando mentalmente, descongelar la cena y pensar con previsión qué pones mañana para comer y cenar y si hay que hacer compra, entonces va uno y se caga y compruebas que ahora tendrás que cambiar el menú que habías pensado para hoy y que se está cocinando porque este anda algo suelto, habrá que hervir arroz, a ver si da tiempo, también piensas que ya no quedan bodies limpios y que la ropa con este tiempo lluvioso no seca ni a tiros.
Mientras lo cambias la criatura algo escocida y molesta se revuelve como un jabatillo mientras lanza grititos cuya escala decibélica sobrepasa lo humanamente soportable y no hay palabra ni dulce susurro que aplaque su ira, de reojo ves como al mismo tiempo el otro granujilla ha localizado el recogedor y con suma habilidad y sin que nadie se lo haya enseñado jamás y siendo tan patosillo para otros menesteres mil veces repetidos se dedica a desperdigar con innata maestría el contenido, entonces haces acopio de concentración y autocontrol, recuperas el eje del guerrero, notas como se descentra por momentos pero lo recuperas, piensas en Clint Eastwood en “Sin perdón”, recuerda no es la rapidez sino la frialdad, suspendes las emociones, racionalizas, calculas el momento, y en ese batiburrillo de piernecillas y bracitos chillones logras pegar las tiras de los pañales, triunfo, desarmas al del recogedor y entonces es ahora este el que chilla denodadamente por haber sido desposeído tan injustamente de un juguete
tan prometedor, entonces suena el timbre del horno ¡tinc, tinc, tinc, tinc!¡buaaaaaaaaa!¡tinc, tinc, tinc! entras en la cocina, lo apagas, tiras el pañal, ya que estás sacas los yogures de la nevera para que se calienten un poco cuando toque comerlos, que están resfriados los chiquillos, ya que estás llenas el cubo para fregar y recoges unas migas mientras piensas que parece que va a llover y deberías quitar YA la ropa tendida.
Ya que estás te tomas un café, frío y con leche fría que no hay tiempo para más, supervivencia, la noche anterior tocó imaginaria y tienes un sueño morrocotudo. Cierras la cocina.
Vuelves, al parecer ese pequeño periodo de ausencia de autoridad ha dado lugar a la instauración de una pequeña anarquía, uno de ellos pensando supongo que eso implica también ausencia del poder punitivo ha infringido la norma nº 1. “No trepar al sofá” y alcanzando el rollo de papel de WC que ahora ya es un adorno más del salón, en un tiempo récord ha triturado y esparcido miles de diminutos trocitos de papel en la sala que acababas de barrer, te mira satisfecho de su fechoría, expectante, adoptando tu tono más autoritario y enérgico inspirado en el "Encantador de Perros" le obligas a recogerlos como medida de reinserción , intenta la evasión, con un limpio placaje lo conminas a que ejecute el castigo, comprende que no hay alternativa, cuando mamá se pone facha no hay nada que hacer, el hermano se anima y se pone ayudar, mala cosa, ahora resulta que lo encuentran divertido y todo.
Por fin otra vez el suelo limpio, vas al baño porque ya no puedes más, enchufas el agua caliente para cuando toque la ducha. Vuelves, silencio, mala señal, en una casa con niños el silencio indica lo mismo que indicaría en la selva amazónica, un peligro se cierne amenazante, aguzas el oído y sigues el rastro, han logrado abrir la puerta de la cocina, debió quedar mal cerrada, los pequeños boicoteadores están chapoteando con fruición en el agua de fregar que acaban de volcar al suelo, te miran divertidos como diciendo “únete mami, mira qué diver”, te los quedas mirando porque no te lo puedes creer, “recupera el eje, recupera el eje, recuerda captan la energía del líder” no sabes si reírte, si llorar, si ir a buscar la cámara de fotos, si organizar una ejecución sumarial de juguetes favoritos o darles una conferencia sobre el nuevo decreto ley nº1000.000.000 “el cubo de fregar no se toca”, respiras hondo, entonces se pone a llover pertinazmente, silencio, empiezan a comprender que algo va mal,
entonces uno de ellos te mira y se acerca haciendo ¡chof, chof! con sus zapatillitas y te dice tocándose el trasero “mamá caca”.
(Filo)
Era verano estabamos pintando las habitaciones y teníamos la pintura en la terraza. Jorge y Jaime tenían 2 años y seis meses.
Las persianas estaban bajadas dejando un pequeño hueco, por aquello del calor. Yo en la cocina y viene Jaime partiendóse de risa.
Malo, me eche a temblar. Busqué a Jorge corriendo y no le encontraba. Jaime fué a la puerta de la terraza todavía riéndose se agachó y levantó la persiana,
allí asomaba Jorge todo pintado de azul. Yo me partía de risa porque los dos no paraban de reirse. No te cuento cómo estaba la terraza y mi pitufo azul.
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