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| DÍA DE LA MADRE |
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LUISI, de Madrid...
mamá de David y Enmanuel.
Cuando decidimos que queríamos ser papás, pasó un mes y otro y otro, y nada, que no lo éramos. Nos pusimos en manos de los médico y después de pruebas y pruebas, por fin el 13 de junio (San Antonio) de 2002 me implantaron 3 embriones.
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Tenía que hacerme la prueba de embarazo el día 30 de junio, pero como caía en sábado, el viernes por la tarde pedí cita en mi médico de cabecera para que me la hiciera. Total, que dió negativo. Aún así, cuando salimos, nos fuimos derechos a la farmacia para comprar un test de embarazo, ¡algo en mi interior decía que había vida dentro!.
De madrugada, me desperté no sé cuántas veces mirando el reloj y a las 6:30a.m. ya me estaba haciendo la prueba. Cuando vimos las dos rayitas, comenzamos a reir los dos como nunca lo habíamos hecho. Yo realmente no me lo creía (¿o no me lo quería creer?). Fuimos a casa de mi vecino, que es médico y me hizo un análisis de sangre antes de irse a trabajar. Habíamos dicho a todo el mundo que no haríamos prueba de embarazo, sino que esperaríamos hasta que mi vecino lo confirmase al mediodía.
Así que, desayunamos y nos fuimos de casa en casa, padres, suegros, amigos,… para informar de la buena nueva. Todos estaban al tanto de nuestros problemas de procreación y como todos decían, “es un embarazo compartido”.
El día 16 de julio tenía la ecografía de confirmación en el Hospital Príncipe de Asturias, de Alcalá de Henares, y la ginecóloga le dijo a José Manuel que se pusiese a mi lado. Nos preguntó que cuántos queríamos y ambos, al unísono, dijimos “pues tres, claro”. La enfermera que estaba con ella decía que no sabíamos de lo que hablábamos y se reía. La ginecóloga nos confirmó dos y nos derivó a la unidad de alto riesgo. Realmente el embarazo fue fenomenal. No tuve ningún tipo de problemas, ni tan siquiera inflamación de tobillos, piernas, ni nada. En total engordé 16 kg. Y estuve trabajando hasta la semana 30, en que me dijeron que uno de mis nanos tenía menos peso que el otro, con lo cual, tenía que “vivir relajada y sin estress”. A partir de este momento, no hice reposo como tal, pero sí que me lo tomé todo con muuuuuuuuucha calma (y eso que los que me conocen dicen que soy la persona más tranquila que existe en el mundo…) Iba a revisiones cada 3 días, registro, etc. y con 35 semanas me ingresaron una
semana con amenaza de parto prematuro. Total que me dieron el alta el miércoles 5 de febrero y el 7 fui a revisión de nuevo. Me programaron la cesárea para el día 17 porque ambos estaban de nalgas y por la noche puse un correo electrónico a todos mis amigos para avisarles de la fecha del parto. A las 11 de la noche, estaba tumbada en el sofá viendo en TV El Señor de los Anillos (que aún no he conseguido ver) y de pronto, me entraron unas ganas de hacer pis que no resistía. Salí corriendo al servicio y llamé a José Manuel porque no podía parar. Total, que nos subimos al hospital (vivimos a 3 minutos). Allí estuve en el paritorio toda la noche porque me tenían que hacer la cesárea pero como no era de urgencia prefirieron esperar a la mañana siguiente.
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Así que a las 11:17, del sábado 8 de febrero, nació David, con un peso de 1’810Kg y a las 11:18 nació Enmanuel, con 2’180Kg. A ambos los pesaron, midieron, etc. y luego me los trajeron para que los conociese y les diese un beso. Comencé a llorar como una boba.
Sentía una alegría inmensa. No creí que ese sentimiento fuese tan fuerte. ¡Nunca podré agradecer lo suficiente al equipo que estaba atendiendo mi parto el trato que nos dieron a todos! Inmediatamente los llevaron a la unidad de neonatos y yo me quedé en reanimación.
A la semana les dieron el alta de neonatoa y cuando llegamos a casa, allí estaban esperando los abuelos con unos deseo de tocarles increibles. El trabajo ha sido, y es, muy duro, sobre todo porque mis hijos no duermen aún la noche del tirón. Sin embargo, el verles sonreir, el verles hablar, … hace que cada día sea un día especial y distinto.
Ahora que ya tienen 26 meses puedo decir que son dos tesoros, dos maravillas que Dios me ha regalado, y que sí, que hay días muy, muy duros, pero que cuando se acuestan y voy a verles dormidos, se me mueve algo dentro que es muy dificil expresar
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