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Aunque la experiencia de cada uno es intransferible siempre hay
algún
pequeño detalle que puede servir a todos los demás. Especialmente quiero
animar a los que empiezan, a mi me parece una gran suerte tener gemelas, y
para las propias niñas también, ¿Quien no ha soñado alguna vez con tener un
hermano gemelo? yo por lo menos sí lo hacía de niño.
Desde fuera creo que se ve mucho peor de lo que en realidad es, salvo momentos puntuales no veo
grandes diferencias con otros amigos o familiares que tienen solo un hijo.
La noticia de que íbamos a tener gemelas nos pilló de sorpresa a los dos, lo supimos
además muy pronto, en el segundo mes de embarazo y en la primera visita al
médico. Nos quedamos de piedra, pero enseguida nos hizo mucha ilusión. Claro
que también aumento nuestra preocupación por el mayor riesgo del embarazo,
el peligro de partos prematuros, etc. Existen las dos sensaciones, las ganas
de ver a las pitufitas jugando entre ellas y el miedo a que las cosas puedan
complicarse. El embarazo fue bien, creo que ayuda el tener confianza, el no
angustiarse y tomarse las cosas con calma. También merece la pena cuidarse
bastante. Aqui si es importante que si la embarazada vive con su pareja
reciba la máxima ayuda y que se la trate como una reina. Estuve en el parto. Hace años yo me ponÍa malo al pensar en asistir a
un parto, y quitaba la cabeza cada vez que lo ponÍan en la tele. Me da un
miedo atroz la sangre y los trozos de carne que se desprenden. Pero
curiosamente tuve ganas de asistir al parto, dar compañia a mi chica (que
realmente lo pasa mal) y ayudar a tranquilizar la situación, recordar la
respiración, dar animos y estar ahí. Cuando escuché llorar a las niñas me
emocioné, sobre todo por asistir al nacimiento de un nuevo ser humano, no
sólo por que fueran mis hijas (creo que el instinto paternal no lo adquirí
hasta que empece a desarrollar una relacion personal con los bebés). No recuerdo ninguna anécdota curiosa especialmente destacable, creo que
la gran anécdota es encontrarte de pronto con los dos bichitos, dos cunas,
carrito doble, doble de todo. Ir por la calle al principio era un poco
cortante con todo el mundo girándose. También es una anécdota continua
contarles a tus amigos y familiares que van a ser dos en vez de uno. Lo que más me ha molestado y me molesta es la gente que considera esto
como una desgracia y un problema. Hay algunos que te dan el pesame en lugar
de felicitarte, una señora del pueblo de mi mujer nos soltó con su voz
lastimera de castellana vieja "enhorabuena aunque sean dos". También me
molesta, aunque menos que lo anterior, la gente que considera que esto es un
asunto de la madre y te tratan como si tú no pintaras mucho en los cuidados
de los bebés, aunque creo que esto sera igual para el que tenga uno o siete. Cuando decidimos ser padres,
los dos asumimos que era una responsabilidad para ambos. Yo pertenezco a la
generación de padres que colaboran en casa, que también hay muchos que
teniendo un solo hijo ponen codo con codo para sacar el trabajo adelante.
Entonces, no me parece que por ser padre múltiple me haya visto a asumir
algo diferente en comparación con un hijo solo. Eso sí, el ser dos se nota
en el tiempo que debemos dedicarles, y en la organización de baños,
vestimientos para paseos, etc. Lo del trabajo lo compaginamos como podemos. La verdad es que lo
llevamos muy mal. Somos investigadores (biólogos) y estábamos acostumbrados
a trabajar mañana y tarde hasta las 7 o las 8 (a veces más) y dedicar un
rato al trabajo los fines de semana. Tenemos la suerte de no tener unos
horarios muy estrictos y de poder recuperar por nuestra cuenta los retrasos
que surjan, pero como contrapartida es muy difícil planificarnos y trabajar
en casa, donde echábamos muchas horas, especialmente si alguna se pone mala
o si uno de los dos se marcha de viaje. Desde septiembre (cuando tenían
cuatro meses) hasta hoy (diez meses y pico) un dia "normal" es el siguiente:
a las 7 y media nos despertamos y preparamos a las niñas. Bajo con ellas al
coche y Pilar se las lleva a la guardería que tiene en su centro de trabajo.
A las tres las recogemos, unos días Pilar, si yo trabajo por la tarde, y
otros días las recojo yo, si Pilar se queda a trabajar (nos hemos repartido
dos tardes para ella y dos tardes para mi). El que se queda en casa se ocupa
de siestas, meriendas y de salir a la calle si el tiempo acompaña. A las
siete y media estamos todos en casa y jugamos un poco. A las 8 empiezan los
baños, pijamas y biberón final para que a las 9 estén en la cuna. Son muy
buenas y duermen de un tirón toda la noche. Los fines de semana son una
paliza para recoger la casa, hacer compras y visitar a algún amigo o
familiar.
Pocas veces las hemos dejado para salir nosotros, pero eso es
relativo, conozco parejas que con un niño salen menos y otras que salen más.
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