EXPERIENCIAS MÚLTIPLES  
múltiples y más
3 + 1 : LA FAMILIA DE ESTHER Y LUIS

Siempre habíamos hablado de que nos gustaría tener una gran famila, pero nunca pensamos que fuese tan grande ni en tan poco tiempo. Teníamos bastantes posibilidades de que fuese un embarazo múltiple, pero nunca pensamos que tanto.

Un día del mes de mayo, que no se nos olvidará jamás, en la primera ecografía de control del embarazo nos dijeron que venían dos. Nos encantó la idea, en especial porque por mi falta de paciencia veía que sería más facil tener la casa llena de niños pronto si no venían de uno en uno.

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Tanto Luis como yo tenemos hermanos con los que nos llevamos muy poco y ya que en ambos casos la experiencia había sido muy buena, queríamos hacerlo de la misma forma. Pasaron unas semanas y en el siguiente control la ecografista, de la que no recordamos el nombre pero sí sus enormes ojos azules, se quedó de piedra al ver que no eran dos sino tres los fetos que se estaban desarrollando, ya que uno de las bolsas que se había visto en la primera ecografía estaba ocupada por dos futuros bebés.

Aquí empezó una carrera contrarreloj para luchar contra. la fuerza de la gravedad y la naturaleza, ya que la mayoría de los humanos no tenemos el organismo preparado para terminar una gestación de más de dos criaturas.

A pesar de encontrarme más o menos bien, en la semana 12 tuve una amenaza de aborto. Aunque todo quedó en un susto, mi ginecólogo, el Dr. Antonio Ruiz Chica consideró prudente ponerme en reposo relativo casi absoluto, de forma que pusieramos todo por nuestra parte para que este embarazo llegase a buen puerto. Siempre pensé que en algún momento se me levantaría el "castigo" y podría llevar una vida normal. Las semanas fueron pasando y cuando empecé a contar el reposo en meses fui consciente de que sería así hasta el final.

Como algunos recordarán, el verano de 2003 fue de los más calurosos que se recuerdan en Madrid. Cuando inicié mi reposo nunca imaginé el tiempo que me quedaba por delante y las experiencias que se pueden llegar a vivir desde una cama, tumbada del lado izquierdo. Empecé a ejercitar mi paciencia, a ponerme metas diarias como acabar este libro, terminar este cuadro de punto de cruz, escribir estos correos del trabajo, que llegue la hora de la comida para que venga Luis, la siesta (siempre me ha encantado), las tardes viendo desde la cama el paso de las estaciones y los cambios de color de la sierra norte de Madrid y un montón de acontecimientos sociales y políticos que me hicieron más llevadera la televisión.

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Todo fue más llevadero gracias a todas las manos que nos ayudaron, que nos prepararon la comida, me dieron ratos de conversación, libros, apoyo en general y cariño en particular. Fueron muchos y desinteresados. De esto tengo que decir que las niñas han venido a pagar con creces toda la ayuda y apoyo recibido. Entregan su cariño a todo aquel que las conoce un poco y han venido a llenar de vida nuestra propia vida y las de todos aquellos que nos rodean. Pero esto es otra historia.

Tuve ratos buenos pero también muy malos, ya que a veces parecía que el tiempo se había detenido. Al final lo malo se olvida y lo bueno queda. Mi mejor recuerdo de este periodo fue lo mucho que aprendí a saber esperar y a que si se lucha por algo, casi siempre se consigue.

Ingresé en el hospital San José de Madrid a mediados del mes de noviembre. No había complicaciones especiales, había engordado sólo 14 kg. y mi tensión y mis niveles de glucosa en sangre eran buenos, pero mi ginecólogo, al que le debemos todo, entendió que debía ser de esta forma para poder controlar la amenaza de parto prematuro que nos rondaba hacía ya unas semanas.

Estuve ingresada 5 semanas durante las que se me hacía una ecografía cada dos días y una monitorización con la misma periodicidad pero en días alternos, así tenía trabajo todos los días. Me prescribieron PREPAR para tratar de frenar las contracciones que cada vez eran más frecuentes.

La tarde del viernes 19 de diciembre nunca pensé que fuese a ser tan completa. Es el cumpleaños de mi madre, y desde que se enteró que daría a luz en esas fechas siempre había insistido en que "debían" nacer el mismo día que la abuela, y como el que la sigue la consigue, así fue.

Viendo MadridDirecto (programa que me encanta) empecé a notar una contracción continua, pero sin dolor. Llamé a mi ginecólogo y vino a verme con una única frase "vamos a por ellas". Me bajaron a quirófano a las 18:30. A pesar de lo que se podría pensar, estaba absolutamente tranquila, sabía que estaba en las mejores manos que podía estar y sentía que todo iba a ir bien. Como él me repetía con frecuencia, somos un equipo, haz tu tarea y dejame a mi el resto.

El quirófano estaba lleno de gente, ginecólogos, neonatólogos, anestesistas, enfermeras y algún curioso que se mantenía en la distancia. Yo escuchaba el movimiento a mi alrededor con serenidad y rezando para que todo fuese bien.

Primero nació Almudena (19:25) que dio un enorme grito, seguida de María (19:25) (ambas gemelas) y por último llegó mi pequeña Marta (19:26) que con su hoy característico volumen de voz casi nos deja sordos. A ellas las llevaron a la incubadora y no las pude ver hasta 24 horas después. No hubo ninguna complicación pero tuve que hacer esa concesión para que les hicieran todos los controles necesarios y les dieran todo lo que pudiesen necesitar. No echo de menos el haberlas abrazado en ese momento, tenemos toda la vida por delante para hacerlo y creo que ese momento se lo debía ceder a los profesionales que sabían lo que ellas podían necesitar.

Yo también necesité recuperar fuerzas, a pesar de que fue cesárea, el no haberme levantado de la cama durante tantos meses me hizo perder toda la masa muscular, de forma que tuve que aprender a andar de nuevo, despacio pero con la ventaja del que ya se sabe la lección y que tiene que ganar una carrera con muy poco tiempo para entrenar. Las niñas pesaron cerca de 2 kg , Marta un poco menos que las gemelas, y no iban a tardar en salir del hospital.

Mi primer encuentro con ellas me hizo llorar, al verlas no las reconocía, no me resultaban familiares. Probablemente estaba afectada por la montaña rusa hormonal en la que estaba metida, pero eso cambió en el momento que pude tocar sus pequeños cuerpos, oler su piel y coger sus manitas. También reconocí en ellas unos enormes ojos que sí me resultaban familiares, ya que son iguales que los de su padre.

Desde ese día nuestra vida ha cambiado para siempre, vivimos por y para nuestra familia y disfrutamos cada momento que pasamos con ellas como único.

No sabemos muy bien como fue, suponemos que fruto de los maratones de biberones y de la gran felicidad que vivimos desde que llegaron a nuestras vidas, pero a los 3 meses de nacer ellas me quedé embarazada de Covadonga. A pesar de que no me encontraba bien no le presté atención porque pensé que estaba agotada de las noches sin dormir, y eso que mis hijas en esas fechas dormían bien aunque no seguido.

Cuando la experiencia me dijo que había algo más y por fin nos enteramos de que estaba de nuevo embarazada no pudimos sentirnos mejor, aunque un poco agobiados de aguantar preguntas del tipo...¿Qué pasa, que os sobra el tiempo no?... o como una señora le espetó a Luis en un supermercado al vernos con las niñas de 8 meses y yo con mi enorme tripa "...¿pero hombre, cómo le has hecho esto con los tiempos que corren?..." Y de pensar que ahora sí que teníamos que buscar nueva casa, coche y reorganizar nuestra vida.

Tuve ciertas precauciones, no cogía peso, comía bien y sobre todo me reía mucho. El embarazo fue rápido y Covadonga nació el 7 de enero de 2005. En este embarazo disfruté de mi condición de embarazada, lucía con orgullo mi tripa y me encantaba recorrer Madrid, la oficina, el supermercado o lo que fuese. Parecía que quería vivir por dos todo de lo que el reposo me había privado.

Llegué a la semana 40, con mudanza y tres bebés en nuestras vidas. Dí a luz otro viernes, el 7 de enero de 2005, después de las navidades. Covadonga nació con 3,700 Kg, enorme y gordita.

Y de nuevo continuamos con nuesta vida múltiple. Nuestras 3 primeras hijas adoptaron a Covadonga desde el primer día, en especial María que se erigió como segunda madre. Le mecían en su silla, le ponían el chupete, más bien se lo clavaban, le enterraban en un montón de juguetes y siempre se han ocupado de ella.

Ella, por su parte, desde el primer día nunca ha sido un recién nacido normal, siempre ha querido estar junto a sus hermanas, sino lloraba hasta que la llevábamos con ellas. Al principio estaba en su minicuna en la habitación en la que se encontrasen sus hermanas. Después en la hamaca y ahora que está tratando de andar corre a rastras como puede detrás de ellas.

Sus hermanas siguen cuidando de ella aunque ahora que se van igualando en tamaño y en habilidades, también se lleva algún empujón. María sigue ejeciendo de madre, pero en general, cualquiera de las tres avisa si Covadonga tiene algún problema con "Ova caca ..." o algo similar, y de esta forma sabemos que algo ocurre.

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La conclusión de nuestra historia es que a día de hoy estoy plenamente enamorada de nuestras hijas, nuestra familia y de Luis. Nos reímos muchísimo en todas las situaciones a pesar de que no todo es de color de rosa. El agotamiento es absoluto, soñamos con salir un día los dos al cine o a cenar. Sabemos que llegará pero nuestro proyecto de vida ahora mismo tiene otras necesidades más urgentes.