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1 + 3 : LA FAMILIA DE EVA Y JOSE

Cuando Claudia tenía año y medio nos planteamos que deberíamos poner manos a la obra para darle un hermanit@.

Pusimos tanto ahínco que lo perdimos en la semana 7, con lo cual en cuanto me dieron el alta para poder volver a intentarlo decidimos que era el momento de irnos a pasar un fin de semana solos, por primera vez en casi dos años desde que había nacido Claudia.
Nos fuimos a la Rioja a buscar vino para el hotel de mi padre y volvimos con vino y regalo sorpresa.

Foto de familia
En cuanto me di cuenta que estaba embarazada llamé corriendo a mi ginecóloga/tocóloga porque no quería otro susto (el anterior lo perdí porque era extrauterino) y me dijo "no estoy en consulta pero vete que te atienda mi compañera", así lo hice y me planté en la consulta, le expliqué todo, aunque ya lo había hecho Amparo (mi ginecóloga) y me hizo una eco y justo cuando me dijo "se ven dos bolsas ¿tienes antecedentes?" el monitor se quedó negro, así que nos fuimos a otra sala para poder verlo y efectívamente se veían dos bolsas, me pregunto si tenia antecedentes y le dije que no conocidos y me comentó que probablemente se reabsorbiera porque tener dos bolsas pasa más veces de lo que nos creemos.

Nos vimos a las 3 semanas de esto y claro, como os podéis imaginar, Jose y yo ya nos habíamos hecho ilusiones con los dos. Cuando fuimos a hacerme la eco Jose se pidió el día y, por primera vez en su vida entró a una eco ya que con Claudia no lo había hecho porque no quería saber el sexo, y nos dijo "Lleváis el premio gordo" y yo, ingenua de mi, dije "¿que pasa, se han quedado los dos? y la respuesta fue "se han quedado los dos pero en una bolsa vienen dos". Jose estaba blanco agarrado a la silla con las dos manos y con la eco en la mano entramos a ver a Amparo, os juro que no recuerdo una bronca mayor en toda mi vida, vamos ni de mis padres, nosotros que nos acabábamos de enterar y ella regañando como una loca "que si vas a pasarte el embarazo en reposo, que si es un embarazo de mucho riesgo sobre todo por la bolsa en la que vienen dos, que como se nos había ocurrido hacer eso" de verdad que no os lo imagináis y en ese momento yo respondí muy chula "te apuesto lo que quieras a que llego a la semana 35 sin problemas". Salí de allí y me fui a ver a mi padre que estaba esperando los resultados porque vive en Granada y hasta que le vi yo había estado más o menos bien, con el disgusto de la bronca pero bien, pero en el momento de verle cuando le dijimos en medio de la calle que venían 3, la cara que se le puso me eché a llorar como una magdalena.

Poco a poco nos fuimos haciendo a la idea, yo continué trabajando desde casa e iba a la oficina una vez a la semana, algunas semanas dos pero con tranquilidad, seguí haciéndome todos los controles y todo iba bien, yo conducía, llevaba a Claudia al cole, la recogía, la llevaba a la piscina y todas las cositas de la casa (despacito pero las hacia).

Cada vez que llegaba un control ginecológico pues, como todas, me pasaba el día anterior atacada y cuando llegaba siempre me decían, “están creciendo los 3 a la vez y todo esta correcto”, luego pasaba a ver a la ginecóloga y yo le decía “voy a ganar la apuesta y voy a llegar a la semana 35”.

En la semana 33 me prohibió conducir por si tenia algún accidente, no porque estuviese mal y justo al cumplir la semana 35 empecé a encontrarme rara.

Era viernes por la tarde y me fui a urgencias porque estaba muy rara, me atendieron y me dijeron que todo estaba bien y que solo estaba un poco cansada que debía hacer un poco de reposo el fin de semana.

Estuve reposando todo lo que se puede con una niña de 2 años y medio, y el martes por la mañana (semana 35+4) le dije a Jose, “Lleva a Claudia a la guarde que estoy empezando con contracciones”, Jose me decía que no te dejo sola, que vienen mis padres o se la dejamos a una vecina y yo le dije ”no te preocupes, me daré una ducha como dicen en el curso de preparación, y cuando llegues estaré vestida y nos vamos tranquilamente”.

Me hizo caso y se llevó a la niña, a las 7:30 de la mañana no hay mucho atasco por Madrid, pero cuando llevaba 15 minutos fuera de casa yo no podía ni moverme y le llamaba al móvil “por favor ven a casa, me va a dar algo”.

Como soy muy mía pensé que lo mejor era que me vistiese y le esperase en la calle, me vestí, cogi mis cositas y me fui al portal con unas contracciones que no podía casi andar, completamente doblada sabiendo que Jose venía ya hacia casa.

Cuando salí del portal pensé, “voy a cruzar la calle y así me subo directamente al coche”, estaba en ello cuando me vio mi vecina, enfermera por cierto, agarrada a un coche pegando unos gritos salvajes y que creéis que hizo, pues salio corriendo hacia el otro lado, sin ayudarme ni nada, menos mal que en ese momento llego Jose, me regaño por haber bajado sola pero cuando me vio la cara descompuesta y pegue un par de gritos me ayudó a entrar al coche, me dio un pañuelito y nos fuimos al hospital.

Para los que conozcáis Madrid, vivo en Arturo Soria y di a luz en el San Francisco de Asís (C/ Joaquín Costa) y teníamos que ir por Avda. de América a las 8 de la mañana. Gracias a Dios la gente nos respetó y al vernos con el pañuelo y pitando nos dejaban pasar.

Cuando llegamos al cruce de Velázquez con Joaquín Costa se cerró el semáforo pero había un guardia y al vernos nos dio paso, problema se olvido que el semáforo de nuestra izquierda se había abierto y no paró a los coches, pasamos casi cerrando los ojos (bueno yo confieso que los cerré) y entramos por urgencias, Jose me dejó en la entrada y se fue a aparcar el coche, la chiquita de la entrada de urgencias estaba leyendo un libro y debía ser muy interesante porque, aunque iba completamente doblada, ni se levantó ni me trajo una silla de ruedas, me mandó a los ascensores y por el camino me encontró un celador que me trajo la sillita y me llevó como loco a la matrona.

El hospital estaba de obras y habían cambiado la planta de maternidad, fuimos a ver a la matrona y cuando llegué me dijo “¿pero tu no tenías programada la cesárea para la semana que viene? Y al palparme dijo, ella creía que en voz baja, “avisa a su medico que uno esta saliendo”. Me llevaron a la habitación con el anestesista y 4 enfermeras, mientras me desvestían me montaban en la camilla y me terminaron de desvestir en la puerta de quirófano. Al verme la ginecóloga de guardia (casualidad que era la compañera de mi ginecóloga en la consulta) me dijo “parto y cesárea”, me descompuse, me intentaron poner la epidural sentada y os juro que el niño se salía, me tumbaron y no pudieron esperara a que se me durmieran las piernas, mientras me pinchaban me abrían, 2 minutos antes había llegado mi ginecóloga y entre las dos empezaron a sacar niños.

Os puedo decir que tengo el ticket del parking a las 8:31 y mis niños nacieron a las 9, 9:01, 9:02, os lo podéis imaginar.

Mientras yo daba a luz preparaban la nueva sala de neonatos y limpiaban las incubadoras nuevas para que mis niños las estrenasen. Sólo me dejaron coger a la ultima porque a los otros dos se los llevaron corriendo y me los enseñaron de lejos pero a la última la achuche muchísimo.

En cuanto estuve con una poquitas fuerzas empecé a sacarme la leche para que Jose se lo pudiese llevar a mis peques, aunque fuese una mierdecilla lo que salía, sobre todo a Jimena que fue la que nació mas pequeñita (2.100Kg) y ese primer día no me dejaron ir a verles.

Cuando fui me emocioné y lloré cogiéndoles sus manitas.

A David me le dieron a los 3 días, me le llevaron a la habitación porque había pesado 2600 Kg. y sólo le habían tenido en observación.

A Jimena me la dieron a los 7 días, al día siguiente de darme a mi el alta, y Celia, que nació con 2200 Kg, perdió mucho peso y le costaba mucho ganarlo así que no me la dieron hasta los 11 días de nacer (en el hospital en el que di a luz no dejan que te lleves a los niños antes de 2500 Kg).

David, Celia y Jimena
Cuando llegamos a casa con Celia ya teníamos a los otros dos adaptados a un ritmo y adaptarla fue fácil, la que peor lo pasó fue Claudia, pero supongo que son cosas que pasan cuando tienes un hermano.