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| "JUAN SALTO DE AGUA Y GASPAR SALTO DE AGUA" |
"Cuentos de los hermanos Grim". Ediciones B
Erase una vez un rey que se empeñó en que su hija no debía casarse, y le hizo construir una casa en un bosque en medio de la mayor soledad. A llí vivía con sus doncellas sin poder ver a ningún otro ser humano.
Cerca de la casa del bosque había, sin embargo, una fuente de propiedades milagrosas. La princesa bebió en ella y la consecuencia fue que dió a luz a dos príncipes, que después fueron llamados Juan Salto de Agua
y Gaspar Salto de Agua y eran exactamente iguales entre sí.
Su abuelo, el viejo rey, les hizo aprender la caza, y crecieron y se hicieron grandes y hermosos.
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Tomado de HISTORIETAS Y CUENTOS "ENANO" Serie C nº 6 (Chocolates María)
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En una casita de campesinos que se alzaba muy cerca del lindero del bosque, nacieron una vez dos
niños gemelos. Como las Hadas habían establecido su morada en aquel bosque, sabían cuanto ocurriría
a diez leguas a la redonda, pronto supieron la noticia del nacimiento de los dos gemelos.
-¡ Han nacido casi en nuestros dominios ! - dijo una de las Hadas, tratando de interesar a las otras
en favor de los pequeños.
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- Vayamos a llevarles nuestros dones - rogó la más joven, casi una niña.
Las Hadas, pues, se personaron en la casita de los recién nacidos y llegaron hasta la cuna. Los dos
hermanitos se hallaban entregados a un dulce sueño. Las Hadas contemplaron un momento el rostro
inocente de los pequeñuelos y luego dijeron:
-¡ Que sean muy felices !
-¡ Que tengan suerte !
-! Que triunfen en sus intentos !
En fin, los fueron obsequiando con sus más preciados dones, y luego se fueron. Los padres estaban
fuera de sí de contentos, seguros de que los presagios de las Hadas no dejarían de cumplirse andando el tiempo.
De allí a poco, llegó una extraña carroza tirada por grandes murciélagos, que paró ante la puerta
de la casita cercana al bosque.
En ella venía el Hada "Loto-Negro", que también ejercía su influencia, aunque maligna, en
aquel territorio. También el Hada "Loto-Negro" se acercó a la cuna de los dos niños y se
puso a contemplarlos. Entonces, los pequeñuelos iniciaron el llanto. Por ello "Loto-Negro"
se irritó y dijo:
-¡ Creced y llorad por siempre !
Y, a partir de aquel momento, empezaron a crecer los dos hermanos y ya no cesó su llanto. Tanto
crecieron nuestros niños, que se convirtieron en dos gigantes, y como siempre estaban llorando,
la gente les llamaba: "Los Gigantes Llorones".
Para evitarse muchos disgustos, se fueron a vivir en lo alto de un monte, en el que se levantaba
un castillo medio ruinoso, tan sólo habitado por un gran dragón dormido. Allí vivieron, siempre
llorando, hasta que un día, al filo de la media noche, cesó de repente el encantamiento que
pesaba sobre aquel vetusto castillo; y entonces, cesó también el conjuro que el Hada "Loto-Negro"
echara un día sobre los dos gemelos.
El dragón, que en aquel punto acababa también de ser desencantado, era nada menos que un Rey, el
cual, como no había tenido hijos, al recuperar de nuevo su rango y corte, tomó a los dos jovencitos
gemelos como herederos suyos para la sucesión del reino.
- FIN -
| "EL CUENTO DE LOS CABRITILLOS" |
Tomado de "TU Y LOS DEMAS" Libro de lectura. Editorial Prima Luce S.A.
Esta mañana, Periquín se ha despertado con un poco de sobresalto. Toda la noche ha
estado soñando el cuento de los cabritillos.
En su sueño, mamá cabra entraba, salía daba de comer a sus hijitos y ahuyentaba
al lobo malo.
Entre todos armaban tanto jaleo, que no le dejaban descansar tranquilo.
- ¡Be... be... be... be...!,- decían los cabritillos.
Y mamá cabra gritaba también.
Y el lobo golpeaba la puerta, con su pata fea, llena de harina.
Abuelita, que desde hace unos días está en casa, ha entrado a vestirlo.
Con los ojos cerrados, el niño la ha sentido entrar, pero, cosa rara: sabía que
estaba despierto y, sin embargo, continuaba oyendo bien claro, como si estuvieran
al otro lado de la puerta, a los cabritillos de su sueño.
- ¡Be... be... be... be...!,- Iban diciendo.
Abuelita lo ha besado en la frente y el niño se ha echado en sus brazos diciendo:
- ¡Ay, abuelita! ¿Dónde están los cabritillos del cuento?
- ¿Qué cabritillos?
- Los de la cabra y el lobo! ¿No los estás oyendo?
Abuelita se ha reído mucho.
- ¡No son los cabritillos! -ha dicho-. Son dos lindos hermanitos que el ángel te ha dejado.
Corriendo entra a verlos.
Ya no lloraban.
Dormían con un dedito metido en la boca.
Con mucha prisa, se ha dejado vestir y ha tomado su desayuno.
Deseaba llegar cuanto antes a la escuela, para darles la gran noticia a la señorita
y a su amigo Toñón.
A la puerta del colegio se han encontrado con la vecina del tercero, cargada con la cesta de la compra.
- ¡Enhorabuena! - ha dicho a la abuelita- ya sé que ha aumentado la familia.
Periquín, entonces, ha echado a correr.
Ha subido de golpe los escalones del vestíbulo.
Y entrando como una tromba en la clase, sin acordarse del diario saludo, ha dicho a su profesora:
- ¡Hemos aumentado la familia; esta noche el ángel me ha dejado dos hermanitos!..
- FIN -
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