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ESPERANDO AL PEDIATRA

En las enfermedades de los niños, hay un tiempo en el que la situación puede ser angustiosa o preocupante para los padres: el que transcurre desde el inicio de los síntomas, hasta que es visto y diagnosticado por el Pediatra. En ese tiempo, los padres querrían saber tomar medidas que aliviaran al pequeño y aligeran su propia preocupación. Es imposible decir qué deben hacer en todos y cada uno de los casos que se presenten, pero trataremos de analizar las situaciones más frecuentes en la patología infantil y de aconsejar, a través de unas normas sencillas y concretas, cuál debe de ser la actitud en esa espera. Hay tres situaciones que son especialmente frecuentes en la patología pediátrica y que son causa de alarma familiar: la fiebre, los vómitos y las diarreas y a ellas son a las que nos vamos a ceñir en este apartado.

. FIEBRE

Es la elevación anormal de la temperatura corporal. En la práctica se considera normal una temperatura rectal de hasta 37,5ºC. Decimos que un niño tiene "décimas" o está subfebril cuando su temperatura oscila entre los 37,5 y 38ºC. Hablamos de fiebre moderada, cuando esta temperatura varía desde los 38 a 39ºC, y se considera alta cuando sobrepasa esta última cifra. Normalmente dicha elevación de la temperatura suele ir acompañada de una serie de manifestaciones como son los escalofríos y/o tiritonas, respiración rápida, aumento de la sudación con piel roja o a veces amoratada, pies y manos frías con el resto del cuerpo muy caliente, pérdida de apetito, decaimiento, etc... La fiebre además de ser un buen indicador de un gran número de procesos patológicos del niño (generalmente infecciosos), constituye una buena aliada que ayuda a vencer dichas infecciones, creando un ambiente inhóspito a los gérmenes y estimulando nuestras defensas; pero también puede plantear algunos problemas para el pequeño como son: convulsiones, grandes pérdidas de agua que pueden llevarle a una deshidratación, etc. En la mayoría de los casos, no es un proceso que requiera la intervención urgente del pediatra; es más, en un gran número de ocasiones es necesario que transcurra un período, más o menos largo de tiempo, hasta que aparezcan una serie de síntomas que den luz a la causa que esté originando este proceso febril. Los padres, mientras el niño es visto por su Pediatra, deben procurar mantener la temperatura por debajo de los 39ºC y mantenerlo con un buen grado de hidratación; para lo cual pueden adoptar las siguientes medidas:

  • Evitar abrigarlo; es más, siempre tender a desabrigarlo, poniéndole ropa ligera, preferiblemente de algodón.
  • Ofrecerle a menudo agua o mejor líquidos azucarados como zumos de frutas.
  • Darle una alimentación normal "suave" fáciles de digerir, no insistiéndole o forzándole, si no quiere comer.
  • Bañarle como de costumbre. El niño se refrescará y relajará en el baño y se eliminará el sudor de la piel.
  • No es preciso que guarde cama, si no la pide.
  • Si con estas medidas, no desciende la temperatura, se le podrá dar un "baño extra" con agua templada. No se recomienda usar agua fría ni alcohol en friegas porque, a demás de ser molestos para el niño, pueden no ser eficaces, pues si por la reacción, empieza a tiritar, volverá a aumentar la temperatura.
  • Si con las medidas anteriores sigue sin bajar la temperatura, se puede recurrir a la administración de fármacos para bajar la fiebre (antitérmicos); los dos más usados en la actualidad son el paracetamol y el ibuprofeno. Nunca administre por su cuenta antibióticos, pues, a parte de asumir competencias para las que solamente está capacitado el pediatra, pueden enmascarar síntomas e impedir o falsear investigaciones de laboratorio (si fueran necesarias) y, lo que es más grave, crear un cuadro tóxico para el pequeño.
Como hemos comentado anteriormente, si el niño no tiene otros síntomas, solamente la fiebre, se debe mantener la calma y observar la aparición de otras manifestaciones, pues es frecuente que se deba a un trastorno pasajero. Ahora bien, deberá ser visitado, lo antes posible, por el pediatra si además presenta alguno de los siguientes síntomas:
  • Vómitos, fuerte dolor de cabeza y rigidez de nuca.
  • Tos intensa acompañada de dificultad en la respiración.
  • Dolor de garganta y/o de oídos.
  • Aparición de manchas en la piel.
  • Diarrea
  • Si no responde a estímulos o parece desconectado.
  • Si pierde la conciencia o presenta convulsiones.
  • Cuando la fiebre no ceda a pesar de aplicar todas las medidas anteriores o aunque baje la temperatura el niño no parezca encontrarse mejor.
. VOMITOS

El vómito es la expulsión por la boca del contenido del estómago, de forma más o menos violenta. Es quizás el síntoma más frecuente en la medicina infantil, junto con la fiebre. El niño, y cuanto más pequeño es, es un "vomitador nato" y, en un gran número de casos, ese vómito ni siquiera se puede considerar como patológico. Cualquier situación patológica, o menos patológica, puede provocar el vómito. Y, en muchas ocasiones, la causa no es digestiva; así lo pueden originar afecciones respiratorias (desde un catarro leve hasta una neumonía), digestivas (desde una infección hasta un leve empacho o una alimentación no adecuada), nerviosas (desde una temida meningitis hasta un rechazo a ir al colegio o una "venganza" por forzarlo a comer) etc., etc... Queda claro que, en una situación tan abigarrada, deberá ser el pediatra el que determine su causa. Durante el primer mes de vida, puede decirse que todo niño que vomite, deberá ser valorado con cierta urgencia por su médico, pues con frecuencia puede haber una causa grave. Los niños que toman pecho vomitan con menos frecuencia, aunque pueden tener regurgitaciones, o sea, echan pequeñas bocanadas de "leche cortada" de vez en cuando que no hay que confundirlas con vómitos. Los padres ante la aparición de este síntoma pueden adoptar las siguientes medidas, mientras es visitado por el pediatra:

  • Colocar al niño en una postura adecuada, en la que resulte imposible la aspiración de lo expulsado. La mejor será el llamado decúbito prono, es decir, boca abajo; o al menos decúbito lateral.
  • Anotar las características del vómito, para orientar al pediatra en su diagnóstico: si es o no violento ("a chorro"), si tiene relación con las comidas o no, cuál es el contenido del material expulsado (alimento, bilis, sangre, "agua"...), horario o periodicidad y frecuencia, si se acompaña de otros síntomas (tos, mucosidad, fiebre...)
  • Si los vómitos son frecuentes y el niño manifiesta sed o tiene la boca y labios secos, se puede administrar líquidos. Esta administración debe ser en pequeñas cantidades (a "cucharaditas") pero con frecuencia, según la apetencia y tolerancia del pequeño. Los líquidos deberán ser azucarados (zumo de frutas, infusiones con azúcar...) y si el niño es mayorcito se podrá recurrir a las "bebidas isotónicas" de las usadas por los deportistas.
  • Por supuesto nunca deberán los padres tomar medidas que corresponde al especialista: dar dietas especiales, administrar medicamentos para los vómitos y aún menos si el niño es de pocos meses, pues, a esa edad, dichos fármacos pueden ocasionar efectos secundarios frecuentes y a veces graves.
. DIARREA

Es un síntoma consistente en la eliminación de heces demasiado líquidas y rápidas. Estos procesos adquieren, en el niño pequeño, un especial interés por su frecuencia y por ser hoy en día, aún, causa frecuente de deshidratación. Las medidas que deberán adoptar los padres irán pues encaminadas a prevenir esta complicación grave. Estas medidas las podemos resumir en los siguientes apartados:

  • Si el niño está con lactancia materna, no suspenderla nunca; pues ejerce un efecto protector y curativo.
  • Si el niño está con lactancia artificial, se continuará con sus biberones aunque más rebajados de leche (mitad de las medidas recomendadas) y preparados con un "agua de arroz". En niños mayorcitos podrán seguir así mismo, con una alimentación rica en astringentes (arroz, plátano, manzana, zanahorias), carnes blancas (pavo, pollo), yoghurt con bífidus, pescado blanco, sopas de pasta fina, etc.; evitando el aceite y fritos, la leche de vaca entera, las patatas y las verduras y legumbres (tanto frescas como cocidas) que serán introducidos una vez superada la diarrea y de forma gradual.
  • Independientemente del tipo de alimentación que lleve y de la edad, no olviden ofrecer con frecuencia líquidos, más aún, si además presenta vómitos y/o fiebre. Los líquidos a administrar serían de preferencia los "sueros o soluciones hiposódicos" de venta en farmacias que contienen glucosa y pequeñas cantidades de cloro, sodio, potasio y bicarbonato y en los niños mayorcito las "bebidas isotónicas", que básicamente contienen lo mismo.
  • Anotar las características de las deposiciones (lo que será de gran ayuda para el pediatra): Su número, consistencia, olor, color, contenido en moco y/o sangre, así como si se acompaña de otros síntomas como fiebre, vómitos, dolor abdominal etc.
  • Extremar las medidas de higiene para evitar el contagio de otros miembros de la familia, pues en un alto porcentaje la causa de las diarreas en los niños suelen ser de causa infecciosa (virales). Así: se extremará el lavado de manos, sobre todo del enfermo y de quien le atiende y se usará lejía para desinfectar el orinal, retrete, ropa...
  • No olvide nuestra norma de no dar nunca medicación que no esté recetada por el especialista.
El niño deberá ser visto urgentemente por su pediatra si presenta algunos de los siguientes signos de deshidratación:
  • Decaimiento y/o irritabilidad.
  • Ojos hundidos.
  • Fontanela flácida o deprimida.
  • Piel seca y caliente.
  • Gran avidez por el agua.
  • Labios, hendiduras de la boca y lengua seca.