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Solamente en aquellos casos donde no sea posible la lactancia materna, se deberá recurrir a la administración de leche de otro mamífero (vaca), más o menos modificada industrialmente para hacerla similar (nunca igual) a la humana.
En el mercado hay numerosas fórmulas lácteas (para prematuros, niños de bajo peso, adaptadas, de continuación y fórmulas especiales o leches medicamentosas), que reúnen las garantías suficientes. Será siempre el pediatra, quien recomiende la más adecuada a cada caso, pues, al ser un "alimento extraño", son más frecuentes los trastornos digestivos, "empachos", alergias, obesidad...
En este apartado, nos vamos a referir sólo a las leches adaptadas.
Existen en el mercado tres tipos de estas leches:
- las fórmulas de inicio o leches del "numero 1"
que cubren las necesidades del bebé desde el nacimiento hasta los 4-6 meses;
- las fórmulas de continuación, seguimiento o del "número 2"
que lo hacen desde esta edad hasta los 12-15 meses
- y por último las fórmulas de crecimiento o del "número 3"
que lo hacen hasta la edad de 3 años.
Aunque todo este tipo de leches, siguen unas indicaciones generales para su fabricación, dictadas por organismos internacionales (en el caso de Europa es la ESPGAN), no todas las marcas existentes en las farmacias o tiendas de alimentación, son iguales; por eso siempre, y volvemos a repetir, será el pediatra la persona capacitada para saber cual es "el tipo" más adecuado a cada niño.
Son muy pocas, si la comparamos con las de la lactancia natural o materna:
El niño puede ser alimentado por otra persona distinta de la madre, lo que es útil si la madre está incorporada al mundo laboral, tiene que viajar o necesita descanso.
Se "ve" la cantidad que el niño toma, aunque esta "ventaja" muchas veces es "desventaja" pues, si el niño no ingiere "lo reglamentario" puede ser causa de ansiedad y preocupación materna.
Hay que disponer de varios accesorios para su preparación: biberones, tetinas, cazuelas...
Puede dar errores de alimentación si se da una cantidad inadecuada o mal preparada.
Hay que tener cuidado con la temperatura para no dañar al niño.
Si no se manipulan con higiene máxima, se pueden contaminar y producir infecciones en el pequeño.
Son productos caros.
Antes de nada lávese muy bien las manos.
En cuanto a la higiene del biberón y de la tetina; es recomendable utilizar biberones de cristal estrechos y largos, con escala graduada bien visible. Las tetinas han de ser anatómicas y sencillas, con pocos huecos donde puedan almacenarse suciedad y restos de leche. Tanto biberones como tetinas han de hervirse al menos 10 minutos o lavarse muy bien con agua jabonosa, siempre antes de la preparación de la leche. No son recomendables los métodos químicos (soluciones desinfectantes) por los "restos" del producto que pueden quedar en la leche.
El agua ha de estar previamente hervida, sobre todo en los primeros meses. La utilización de agua de la red o agua mineral, dependerá de las zonas; si se utiliza de las últimas han de ser de las denominadas "aguas de débil o baja mineralización".
La preparación del biberón ha de ser inmediata, antes de la toma. Nunca dejarlo preparado en un termo, ya que la leche es un excelente caldo de cultivo y los gérmenes proliferan rápidamente en estas condiciones. Es preferible conservar el agua sola en el termo, a la temperatura que se desee, y añadir la leche en polvo en el momento de tomarla el pequeño. Hay que asegurarse siempre, de que la temperatura de la leche es la adecuada (37-40ºC), vertiendo unas gotas sobre el antebrazo o muñeca. Si es adecuada notaremos un calorcito agradable.
Se pondrá siempre primero el agua y después la leche, respetando siempre las proporciones que indique el pediatra. Los cacitos deben enrasarse, nunca colmados (que se salga el polvo). Una vez hecho esto, agita bien hasta que se disuelva.
Para administrar el biberón la madre debe estar sentada, en un lugar tranquilo, teniendo al pequeño en la misma posición que se da el pecho. Nunca dé el biberón estando acostado el niño: los "atragantamientos" y las aspiraciones pulmonares son frecuentes en esta postura. El contacto afectivo, no debe ser distinto al comentado con la lactancia materna; aprovecha este tiempo para acariciarle y transmitirle "amor o calor materno".
Los intervalos entre las tomas, al contrario que lo que sucedía con la lactancia materna, han de estar más reglados, puesto que la digestión es más lenta, al carecer esta leche de los enzimas necesarios que contenía la leche humana. Es aconsejable no bajar estos intervalos de las 3 horas, intentando acostumbrar de forma paulatina, a realizar una pausa nocturna de 6-8 horas.
El orificio de la tetina debe permitir que, si el biberón se invierte, la leche caiga, goteando sin dificultad, pero sin salir a chorro; tampoco ha de forzarse su salida agitando el biberón. Si el orificio es demasiado grande, el niño puede atragantarse y, si es pequeño, se cansará fácilmente y deglutirá más aire.
Mantenga siempre, durante la toma, la tetina llena de leche, para evitar la toma de aire. De cuando en cuando, durante la toma, y de nuevo, al final de la misma, se pondrá al niño en posición vertical, para favorecer el eructo.
La duración de la toma debe de ser de 10 a 15 minutos y el niño no debe quedarse dormido con la tetina en la boca, pues por un lado puede favorecerse el paso de leche a los pulmones y, por otro la permanencia prolongada de alimento en la boca puede alterar la dentición futura.
La cantidad de alimento que puede tomar el niño, es muy variable de un niño a otro. Siempre será establecida por el pediatra, según tolerancia, curva de peso, etc...Es frecuente la sobrealimentación y, por tanto, la obesidad en los niños en los que las madres se empeñan en que tomen hasta la última gota del biberón, que "ellas creen" (guiadas erróneamente por consejos de amigas, abuelas, fabricantes...) que es la cantidad correcta.
No olvidéis nunca, que las necesidades de agua de un niño alimentado con lactancia artificial son mayores que las de uno alimentado con la leche de su madre; por lo que hay que ofrecérsela con frecuencia.
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