LA PERDIDA DE UN GEMELO O TRILLIZO  
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Por Coks Feenstra.

El vínculo entre gemelos es muy fuerte y seguramente uno de los más íntimos que existe entre los seres humanos. ‘No puedo imaginarme mi vida sin él’ es un comentario frecuente. O ‘con él se ha ido una parte mía’. O ‘nuestras vidas empezaron juntas y pienso que deberían terminar también juntas’. A veces esto ocurre: uno de los gemelos, ya mayor, fallece y a los pocos días el otro también.

La pérdida de un gemelo siempre es impactante para el otro. No importa el momento. Hemos visto cómo incluso la muerte prenatal de uno de los bebés influye en la vida del otro. La muerte de uno, sea cual sea el momento, no anula la gemelaridad. Muchos de los gemelos supervivientes se sienten incompletos el resto de sus vidas. También es cierto que algunos se sienten tentados, positivamente, a desarrollar facetas en sí mismos que ‘pertenecían’ al hermano gemelo y no estaban a su disposición. Puede significar una oportunidad nueva, hasta incluso un cierto alivio, aunque no anula el inmenso dolor.

A veces la muerte de uno conduce a la salvación o prolongación de la vida del otro: en los gemelos monozigóticos puede darse una enfermedad genética, como problemas cardíacos, ciertos tipos de cáncer, etc. Si uno de los dos fallece de repente, el otro está ‘avisado’ y a tiempo para tomar medidas. Esto les pasó a David y Miguel (48 años). Miguel murió de forma inesperada y repentina de un infarto. David, por presión de su familia, se sometió a una revisión médica y se le diagnosticaron angina pectoris. Gracias a una intervención corrió mejor suerte que su hermano.

Algunos de los gemelos supervivientes comentan sentirse felices por haber compartido (gran parte de) su vida con su gemelo. Este comentario refleja sus sentimientos: ‘Es mejor haber amado y perdido a un gemelo que nunca haber tenido uno, sea cual sea el precio de la pérdida’.

Para muchos gemelos supervivientes el contacto con una asociación, como ‘The Lone Twin Network’ de Inglaterra o ‘Twinless Twins Support Group’ de EE.UU. es de un valor inestimable. Lo demuestra el siguiente testimonio de Linda, de 50 años:[3]

‘Mi historia empieza hace medio siglo. Mi infancia fue normal, aunque mi ‘sentido del yo’ era muchas veces un misterio total para mí. No tenía nada de confianza en mí misma ni autoestima. Cuando tenía unos 10 años, mis padres me contaron que yo era gemela; mi hermana gemela (idéntica) había muerto poco antes de nacer. No me contaron nada más, pero esta escueta información me parecía lógica. Me dio la pieza del puzzle que para mí había sido y seguía siendo mi identidad. A hacerme mayor, me seguía costando entenderme a mí misma. Si no hubiera decidido ponerme en contacto con ‘The Lone Twin Network’, hoy en día seguiría igual. No lo dudo. En la primera reunión (¡qué sensación extraña! Tantos gemelos sin sus hermanos gemelos) oía hablar a otras personas sobre sus sentimientos con los que me podía identificar. Fue para mí la primera vez que me ocurrió. Significaba que yo, al fin de todo, no era rara ni especial, sólo había seguido, muy a mi pesar, las reacciones que evocaba mi situación. Aquel memorable día salían a la luz muchos sentimientos que tenía escondidos en mi interior y empecé a entenderme. Mirando atrás, hay tres momentos cardinales en mi vida: el primero es aquella reunión, que me abría mis ojos. El segundo fue durante otra reunión, años más tarde, cuando nos dieron un artículo que hablaba sobre la relación entre gemelos. El primero que nace, suele ser él más fuerte, el que más pesa y el líder. El segundo es el seguidor. Mi hermana había nacido antes. Yo, como bebé, solía estar sentada, pero nunca me lanzaba a gatear, hasta que mis padres, impacientes y desesperados, pusieran delante de mí una muñeca que gateaba automáticamente. Me dispuse a seguirla sin hesitación. No tener a mi hermana a mi lado, explicaba mi falta de confianza en mí misma. Ahora, al entenderlo, lo podía trabajar. Y el tercer momento importante vino cuando en The Lone Twin Network me explicaron cómo podía encontrar la tumba de mi hermana. La encontré y delante de la pequeña piedra, con su nombre inscrito, pude hablar por primera vez con ella. Después de este día me encuentro mucho más en paz conmigo misma’.

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[3] Fuente: ‘The Lone Twin’, Joan Woodward, Free Asociation Books